Y esta semana de vacaciones tuvo de todo. Playa, sol, termas, emociones, relajo, comida... uffff!! Si incluso el agua del Lago Villarrica no se sentía tan helada como antes!!!
Pero vamos haciendo un recuento de lo más -y menos- destacable.
Mi primer domingo en la zona fue de relajo y tensión. Fuimos a las Termas de Coñaripe, a unas dos horas de Pucón, aprovechando el día nublado. Las termas en sí resultaron todo un agrado, con buena infraestructura, varias piscinas con agua a diferentes temperaturas, todo limpio y a un buen precio. El único problema es que el camino para llegar a las termas no es muy bueno. De hecho, en la tarde decidimos irnos un poco más temprano porque estaba comenzando a llover, lo que, sumado al pronto anochecer, no hacían el camino de lo más seguro. Y entonces comenzó el episodio más tenso y emotivo de las vacaciones...
En la Cuesta Los Añiques, a un par de kilómetros de las termas, nos encontramos con un tremendo accidente que había ocurrido hacía apenas unos minutos: un bus se había caído por la orilla del camino a un barranco de unos 10 metros. El bus llevaba unas 50 personas -incluso gente viajando de pie- e iba cargado incluso con una parrilla en el techo llena de cajas y maletas. Cuando llegamos unos pocos habían logrado salir por sus propios medios, mayormente los jóvenes, pero todavía quedaba dentro del bus toda la gente mayor y la gente lesionada. Sin pensarlo mucho, con un cuñado y un amigo que viajábamos juntos, nos metimos al barranco y junto con algunas otras personas comenzamos a sacar a la gente del bus y subirlos al camino. Arriba, otras personas les curaban las heridas y subían en algunas camionetas para llevarlos a la posta de Coñaripe. Terminamos exhaustos después de más de una hora de rescate, todos empapados y embarrados con la lluvia, pero por suerte no murió nadie en el accidente. Después nos enteramos que un mes antes, en la misma cuesta, murieron 4 personas en un accidente similar con un bus de turismo con adultos mayores.
Siguiendo un poco con el tema de la comida, puedo contar de 3 restaurantes que visitamos en Pucón. El primero, la Pastelería Las Tres Ignacias, fue todo un fiasco. En realidad los pasteles y sandwiches no eran malos, pero fuimos motivados por las onces alemanas que promocionaban. Y la verdad, de alemanas no tenían nada. Abundancia, cero. Atención, pésima. Así que rápidamente pasemos al segundo restaurant: Pachamama. Ubicado en plena Avenida O'Higgins y cuya especialidad es el sushi, resultó ser una grata sorpresa. Uno realmente no espera encontrar buen sushi -sabroso, creativo, bien preparado y con buenos ingredientes- en un lugar como Pucón. Además, ahí conocimos la cerveza artesanal Grassau, de la zona de Villarrica, que resultó también una sabrosa sorpresa.
El tercer restaurant es el Estragón, por la calle Holzapfel, a una o dos cuadras de O'Higgins. Uno no se explica realmente cómo sobrevive porque cada noche habían apenas dos mesas ocupadas, pero supondremos que esas fueron malas noches excepcionales. El ambiente en todo caso se daba entretenido, con mesas en un sector y otro más como lounge, donde las especialidades eran las tapas y los tragos, donde destaca el notable mojito, preparado con yerbabuena traída directamente desde España, según la dueña, también española según dijo ella, pero que no se reflejaba mucho en su acento. En fin, el mojito estaba espectacular.
Y por último, la aventura que me va quedando (porque no vamos a hablar de ir a la playa en Pucón, que no tiene mayor gracia) es el canopy. Trancura es el destino en este caso. Se promociona como el más grande de Sudamérica y al menos parece serlo. Son varios tramos por los que uno se tira y donde la mayor emoción está cuando el cable está por sobre los 100 metros de altura. Sí, duele la guata cuando uno mira para abajo... Pero es sensacional.
Para terminar, puedo decir que fui varias veces hace varios años atrás y, después de este reencuentro con Pucón, creo que seguirá siendo una de las primeras alternativas para vacacionar con toda mi familia dentro de Chile.